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Super Foto

Número 234 / Julio 2015

Primer contacto: Panasonic LUMIX G7, Pentax K-3 II y Lytro ILLUM. Analizamos a fondo la Nikon D5500 y la Olympus OM-D E-M5 Mark II. Probamos el sistema de flash Nissin Di700A + Air 1 y el trípode Vanguard Alta CA 203AGH. Destino Fotográfico: Formentera. Refréscate sumergiéndote en los océanos de todo el mundo a través de nuestro Enfoco y unas magníficas instantáneas del mundo submarino. Cuadernos Prácticos: Sacar el máximo partido fotográfico a tus vacaciones en la costa; los mejores trucos para conseguir las mejores fotografías de bebés y cómo mejorar los retratos. En el Objetivo te desvelamos los secretos de los ajustes básicos para conseguir fotos profesionales.
Super Foto 234
Artículos destacados
Prueba a fondo
Nikon D5500: Ligera con LCD táctil y Wi-Fi
La inmediatez es tendencia, casi una obligación y cámaras como la recién llegada Nikon D5500 posicionan el valor calidad a la misma altura que el de la inmediatez. Esta réflex de bolsillo es una evolución estilizada de la primera DX que estrenó Wi-Fi integrado. Además, incorpora tecnología táctil, lo que la acerca aún más a los dispositivos móviles inteligentes que han puesto de moda la fotografía instantánea.
Prueba a fondo
Olympus OM-D E-M5 Mark II: Mirrorless para entusiastas
La OM-D E-M5 Mark II es la nueva mirrorless de Olympus para aficionados entusiastas. Incorpora las mejores prestaciones de la profesional E-M1 y de la E-M10, y añade otras innovadoras como la alta resolución de 40 MP, en un cuerpo sellado con el estilo inconfundible de la familia OM-D.
Objetivo
Retoca como un profesional: Mejoras y ajustes básicos
Son muchos los que piensan sobre la utilidad relativa de emplear tiempo retocando imágenes con un ordenador en un momento como el actual en que las cámaras son tan inteligentes como para hacerse cargo de todos los parámetros que conforman la calidad técnica de una imagen: exposición, enfoque, balance de blancos, sistemas antivibración… Y la realidad es que, en efecto, hay muchos fotógrafos que se conforman con lo ofrecido por la cámara en casi todas las ocasiones no preocupándose de nada más.

Sin embargo, las cosas cambian si somos un poco más exigentes con nosotros mismos. Puede ser que el encuadre no sea el que pensábamos originalmente y hay que recortar, que el contraluz nos provoque zonas blancas empastadas, que las sombras no dejen ver el detalle de los elementos, que los colores se muestren más apagados que cuando los percibíamos en la realidad, que a la composición le falte algo de nitidez…, una larga lista que obliga, sin más remedio, a encarar el retoque en la postproducción.