Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para facilitar y analizar la navegación de sus usuarios y proporcionarle una mejor experiencia en el uso del mismo. Si está de acuerdo siga navegando o pulse en ACEPTAR. Ver más detalles.

PescaMar

Número 172 / Julio 2017

Corcheando las rompientes tras los sargos de julio. Temporales veraniegos, aprovechando la mar revuelta. Te damos todas las claves para ser un buen surfcaster. ¡Fiebre lubinera…! Cuando la afición se convierte en pasión. Spinning: Cambios de luz y lubinas, la combinación perfecta. Iniciación: En busca de tu primera lubina a spinning. Embarcación: Atunes a spinning en la costa de Barcelona.
PescaMar 172
Artículos destacados
Especies
Pescadores de lubinas: Cuando la pasión por un pez se hace realidad
Pescar lubinas a lo largo de todo el año, tener a este pez en mente durante el cien por cien de nuestras salidas a la mar, buscarlo en zonas y enclaves muy distintos, a base de técnicas diversas, con señuelos y a cebo, en días propicios y en días menos propicios, con aguas agitadas y en calma; éste es el programa habitual de pesca de unos cuantos apasionados de esta especie, que un día aprendieron a renunciar a otras capturas para convertirse en pescadores de lubinas. Este es nuestro tema de hoy, al que dedicaremos las páginas que siguen.
Surfcasting
La riqueza de los temporales: “A mar revuelta, ganancia de pescadores”
Todas las épocas del año tienen sus momentos de tranquilidad en lo que a la pesca se refiere, espacios de tiempo en los que la estabilidad atmosférica reina, y todo, absolutamente todo está en su sitio: vientos relativamente calmados, aguas quietas y limpias, cangrejos metidos en sus escondrijos, cangrejillos blancos al resguardo de su camuflaje, gusanos comiendo restos en descomposición…, un escenario en el que los peces suelen tenerlo más difícil para llevar a cabo su tarea diaria, que no es otra más que la de buscar alimento.
Corcheo
Corcheando las rompientes: Sargos a pulso en pleno verano
Hasta no hace demasiados años corchear con aquellas viejas cañas de fi bra, pesadas y con un diámetro que ahora asustaría, era lo habitual, incluso coincidir con algún veterano que todavía en espigones y puertos pescaba con sus cañas de bambú, curvados ya los punteros por años y años de uso; entonces, cuando la mar arremetía con cierta fuerza en los días de oleaje veraniego, ir a sargos era un festival, posiblemente porque había muchos más que ahora.