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Federcaza

Número 384 / Diciembre 2017

No te pierdas el último número de 2017 de Federcaza en el que nos vamos a los zorzales en mano; las torcaces nos dan mucho juego y las becadas cada vez llegan más tarde mientras las perdices están de capa caída; te contamos las claves para tirar bien en los puestos y nos adentramos en el mundo montero con los podencos, el alma de las rehalas; te hablamos de los perrros de caza del ayer al hoy; probamos la superpuesta Benelli 828U; y te ofrecemos cientos de ofertas en la bolsa del cazador además de un documental espectacular sobre zorzales de Cazavisión.
Federcaza 384
Artículos destacados
Caza menor
Zorzales en mano
En temporadas como la presente, marcadas por la sequía y por una densidad de piezas más bien escasa, el zorzal toma un especial protagonismo, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de la pieza que mayor número de disparos nos saca a lo largo de cada temporada. Ya con los bandos estables en sus zonas, con querencias marcadas y dormideros asentados, podemos dar algunas cacerías. Así que, alternando ya con los puestos, este mes lo dedicamos a cazar zorzales en mano, aprovechando la configuración del terreno y la práctica tanto de la mano simple, como de las manos encontradas.
Migratorias
La pasa de torcaces va a menos… y a nadie le preocupa
La torcaz es una de las aves del mundo que más y más rápido aumenta, pero salvo en zonas consagradas, como la dehesa española y portuguesa, en muy pocos lugares se pueden hacer grandes capturas. Ahora tenemos plaga de torcaces en muchas ciudades, mientras acabamos de vivir su pasa migratoria a la península y ahora su asentamiento en nuestros territorios donde propician muchas jornadas de caza.
Caza mayor
Podencos, el alma de las rehalas
Una vez escuché a Juan de Dios Olías decir que para él los perros de rehala se dividían en dos, los que valían y los que no, gran verdad que escondía el gran trabajo que lleva mantener una rehala de prestigio, como era la suya. Para mí, sería impensable el asistir a una montería en mi amada Sierra Morena y no sentir la emoción en la suelta de los podencos, sus alegres latidos o su incansable trotar detrás de las reses.