| Esta propuesta de
Tokina es la solución para
este problema.
Después de más de 10 años
desde la primera versión
del Tokina AT-X 80-400 mm
f/4.5-5.6, la compañía revisa
el modelo para adaptarlo a las exigencias
de la fotografía digital, motivo
por el que ostenta el sufijo “D”. Sin
embargo, la formulación óptica de 16
elementos distribuidos en 10 grupos se
ha mantenido.
El Tokina AT-X 840 AF D aprovecha
los elementos asféricos y un elemento
SD (Super-low Dispersion) para reducir
las aberraciones ópticas y hacerlo
más compacto y ligero. Además, emplea
un sistema de reducción de reflexiones
internas que mejora la calidad
de la imagen.
Las distancias focales, comprendidas
entre los 80 y los 400 mm, aumentan
nuestras posibilidades, ya que podemos
trabajar desde fotografía de retrato
hasta de vida salvaje, incluso con
cámaras de formato 35 mm (digitales
o de película). Los sensores de formato
APS-C nos permiten conseguir un
ángulo de campo visual equivalente a
600 mm con una abertura de f/5.6, lo
que no deja de ser notable en un objetivo
de poco más de 700 euros, aunque
sólo esté disponible para Canon
y Nikon.
A pesar de tratarse de un objetivo
relativamente pequeño, si tenemos en
cuenta la gama de distancias focales
que proporciona, el AT-X 840 AF D es inesperadamente pesado. Supera el kilogramo
de peso lo que, en cierta medida,
puede reducir la duración de las
sesiones fotográficas.
CONSTRUCCIÓN Y RENDIMIENTO
Uno de los aspectos del Tokina AT-X
840 AF D que salta inmediatamente
a la vista se encuentra en la base de
su enorme parasol. Se trata de un disco
de goma destinado a deslizar el filtro polarizador de 72 mm de diámetro
(una operación delicada siempre que
utilicemos un parasol junto con un filtro
de este tipo). Una excelente idea
de Tokina.
Otra buena ocurrencia que Tokina
ha puesto en práctica en este zoom 5X
ha sido la inclusión de un collar para
trípode unido a una rosca de 1/4” que
facilita las maniobras alternas de encuadre
vertical y horizontal cuando
necesitamos mantener la cámara estática
para combatir los efectos del temblor
de las manos del fotógrafo (sobre
todo porque el objetivo no tiene estabilizador
de imagen incorporado).
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