| La misma que rauda ahora intenta alejarse.
Ánimo, no es el momento de volver la vista atrás
y cargarnos de nostalgia, aún quedan suficientes citas
y razones sobradas para pensar que podremos echar
el cierre con sobresaliente.
Aunque desbocadas siempre transcurren las temporadas de caza,
ésta no iba a ser la excepción, y es que febrero con sus fobias y filias siempre llega demasiado pronto. Algunos detestan este mes porque presagia el cierre de la mayor, mientras otros le añoran, tal vez por las grandes jornadas
de caza que suele deparar; y
no digamos nada si se trata
de un año tan atípico como
está resultando éste. Si mal no
recuerdo desde que izamos el
telón a mediados de octubre, la
climatología peor no ha podido
comportarse: al principio
fueron las altísimas temperaturas,
inadecuadas para montear,
las que adulteraron los resultados,
y luego ya metidos en
diciembre y enero, el agua, el
frío y la nieve se convirtieron en
los indeseables protagonistas.
El caso es que por distintas
circunstancias el año no ha dado
de sí lo esperado, en cuanto
a resultados cinegéticos se refiere,
tanto es así que en estos
momentos resulta complicado
hacer una valoración objetiva
acerca del comportamiento
real de esta temporada. De
cualquier forma puestos a
aventurar un pronóstico, con
franqueza, éste no puede ser
más optimista para nuestros
intereses cinegéticos: animales
hay de sobra, si me apuran
más que en otras temporadas
a estas alturas del calendario.
Así que no le busquen más
que cuatro pies al gato, entre
la crisis y las inclemencias del
tiempo, se han cancelado bastantes
monterías y otras en las
que flojearon los resultados la
meteorología fue decisiva.
Si octubre fue nefasto para
montear culpa de las pésimas
condiciones en las que se encontraba
el campo debido al
calor: reses había de sobra pero
los perros no podían con ellas, y
es que daba pena ver cómo las
sacaban de los encames y tras
el primer arreón no valían para
seguirlas; y aunque en noviembre
tuvimos un breve respiro,
llegó diciembre y comenzaron a
desfilar borrascas encadenadas
con frío polar y nieve que dieron
al traste con infinidad de monterías.
Total que por unas y otras
causas llevamos unos cuantos
meses sin saber lo que es montear.
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