| Estamos muy familiarizados con las fases lunares. Es algo que observamos perfectamente a simple vista y que todos reconocemos. Desde los cuartos crecientes o menguantes hasta la Luna llena, estas fases nos van mostrando, con el paso de los días, distintas zonas lunares iluminadas por la luz del Sol. Pocos días antes o después de la fase nueva, nuestro planeta se encuentra en una fase casi llena, por lo que sigue reflejando una cantidad considerable de luz al espacio. Esta luz llega a la Luna con la suficiente intensidad como para iluminar sutilmente la superficie aún no iluminada por el Sol. Por este motivo, podemos ver en el cielo una fina fase lunar, de apenas dos o tres días, acompañada de una débil luz grisácea que revela toda la extensión de nuestro satélite. A esta luz que la Tierra refleja, e ilumina la Luna, se la denomina “luz cenicienta”.
El efecto de luz cenicienta debe observarse con una Luna entera en nuestro encuadre. Por este motivo, las distancias focales ideales para fotografiarla serán aquéllas que nos permitan tener una visión completa de toda la circunferencia de nuestro satélite. Si aún trabajamos con película de 35 mm. (tamaño de 24x36 mm.), un rango de focales entre 1.000 mm. y 1.200 mm. será el adecuado. Para cámaras DSLR con sensores más pequeños, como el típico de 22X15 mm., no conviene subir mucho más de los 800 mm. de distancia focal. Con este tamaño de sensor, un rango entre 600 mm. y 800 mm. será correcto.
Pero la luz cenicienta no brilla mucho, por lo que necesitaremos tiempos de exposición algo largos con el consiguiente riesgo de que la Luna nos salga movida debido, principalmente, al posible viento, a una puesta en estación precaria, a un seguimiento sidéreo en AR (no lunar) y a la propia deriva en declinación que tiene nuestro satélite debido a su órbita. Es por esto que no debemos ajustar mucho el encuadre usando una focal alta. Una ampliación moderada pero suficiente, como las descritas anteriormente, será un buen compromiso para sacar el detalle suficiente y evitar los efectos negativos de una imagen movida por un exceso de ampliación. Ya sabéis, cuanto menos ampliamos, menor será el riesgo. Por tanto, y aunque un refractor sea perfectamente adecuado para este tipo de fotografía, el que posea un Newton tendrá normalmente más luminosidad y los tiempos de exposición necesarios serán menores. Esto evitará también los riesgos de una imagen lunar movida por culpa de un tiempo de exposición demasiado largo.
TIEMPO DE EXPOSICIÓN
Nada tiene que ver una fase iluminada lunar con la luz cenicienta. Ésta es mucho más débil, por lo que necesitará tiempos largos, normalmente del orden de varios segundos, con sensibilidades medias-altas como ISO 400. Por otro lado, existen varias intensidades de luz cenicienta que podemos llegar a plasmar, dependiendo del tiempo de exposición. Personalmente, prefiero aquellas imágenes en las que la parte oscura lunar se ve perfectamente, con su tono gris adecuado, y no oscuro. La fase iluminada nos saldrá siempre quemada salvo que no hagamos una composición con dos fotos de tiempos diferentes.
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