| Por eso resulta muy interesante observar las diferentes
estrategias adaptativas de la visión en las distintas especies,
además claro está, de ver cómo son sus ojos.
La visión de los animales
marinos no llega a alcanzar
la complicación y perfección
de los animales
terrestres, ni siquiera en el caso de
los peces. Sin embargo, presenta
los más diversos grados de desarrollo
y complejidad que van desde
la simple presencia de manchas
oculares hasta los sofisticados
ojos de los pulpos, crustáceos y
algunos peces.
VISTA DE PEZ
Los peces, y en general los invertebrados
marinos -a excepción
de algunos cefalópodos- presentan
una vista no muy buena si la
comparamos con la del resto de
especies terrestres. Hay que tener
en cuenta que viviendo en un medio acuoso donde la luz disminuye
con la profundidad, el resultado es
un sentido de la vista mediocre y
a menudo, son los peces que viven
cerca de la superficie los que
muestran mayor agudeza visual.
Como ya sabemos, a profundidades
de 30 a 80 m, dependiendo de
la transparencia del agua, tan sólo
llega un 1 % de la luz de la superficie. Por lo tanto no es sorprendente
que el ojo de un pez u otro organismo
marino esté generalmente
adaptado a un ambiente con bajas
intensidades lumínicas. Si observamos
con atención los ojos de un
pez, nos daremos cuenta que éstos
suelen estar situados a ambos
lados de la cabeza, transmitiendo
cada uno de ellos imágenes totalmente
diferentes, y que no presentan
ningún tipo de mecanismo tipo
párpado, que los proteja del medio
que les rodea. Esto hace que el pez no pueda dejar de ver los
elementos que le rodean aunque
así lo quisieran.
EXTRAÑOS OJOS
Una de las diferencias más acusadas
entre el ojo humano y el ojo
de un pez, aparte de la ausencia
de párpado, es el iris. Como sabemos,
en los humanos el iris
funciona como el diafragma de
una cámara fotográfica de modo
que permite una mayor o menor
entrada de luz para equilibrar las
condiciones ambientales diversas.
El ojo humano se contrae y se dilata
con ese fin. Sin embargo, los
peces presentan una abertura fija
incapaz de adaptarse a los distintos
grados de iluminación. Por lo
tanto, los ajustes necesarios se
realizan por medio de fotorreceptores,
que es así como se llaman
las células sensibles a la luz, y que se encuentran situados en la retina.
También llama la atención su
tamaño: por regla general los ojos
de los peces suelen ser grandes y
tienen lentes fuertes y redondeadas.
Una vez visto esto, y desde
el punto de vista de los mamíferos,
se puede decir que los peces son
miopes o cortos de vista. Pero esto
tiene un sentido evolutivo: cuando
un pez descansa en el lecho marino,
sus ojos toman una posición
que le permiten visualizar mejor
sus puntos más cercanos. Cosa
muy acertada si se tiene en cuenta
que la mayoría de las aguas suelen
ser turbias o poco iluminadas, y no
le valdría para nada una vista aguda
o de larga distancia cuando el
peligro sólo puede verse a distancias
cortas. Lo mismo ocurre con
sus presas, ya que cuando están
cerca y bien enfocadas es cuando
se produce un ataque certero. Por lo tanto, la miopía en los peces tiene un sentido y una gran utilidad.
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