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La visión en el mar
El entorno marino es un medio acuoso donde la luz es un bien muy escaso, sobre todo a partir de cierta profundidad.
  Fotos: Francisco J. Murcia
Por eso resulta muy interesante observar las diferentes estrategias adaptativas de la visión en las distintas especies, además claro está, de ver cómo son sus ojos.

La visión de los animales marinos no llega a alcanzar la complicación y perfección de los animales terrestres, ni siquiera en el caso de los peces. Sin embargo, presenta los más diversos grados de desarrollo y complejidad que van desde la simple presencia de manchas oculares hasta los sofisticados ojos de los pulpos, crustáceos y algunos peces.

VISTA DE PEZ
Los peces, y en general los invertebrados marinos -a excepción de algunos cefalópodos- presentan una vista no muy buena si la comparamos con la del resto de especies terrestres. Hay que tener en cuenta que viviendo en un medio acuoso donde la luz disminuye con la profundidad, el resultado es un sentido de la vista mediocre y a menudo, son los peces que viven cerca de la superficie los que muestran mayor agudeza visual. Como ya sabemos, a profundidades de 30 a 80 m, dependiendo de la transparencia del agua, tan sólo llega un 1 % de la luz de la superficie. Por lo tanto no es sorprendente que el ojo de un pez u otro organismo marino esté generalmente adaptado a un ambiente con bajas intensidades lumínicas. Si observamos con atención los ojos de un pez, nos daremos cuenta que éstos suelen estar situados a ambos lados de la cabeza, transmitiendo cada uno de ellos imágenes totalmente diferentes, y que no presentan ningún tipo de mecanismo tipo párpado, que los proteja del medio que les rodea. Esto hace que el pez no pueda dejar de ver los elementos que le rodean aunque así lo quisieran.

EXTRAÑOS OJOS
Una de las diferencias más acusadas entre el ojo humano y el ojo de un pez, aparte de la ausencia de párpado, es el iris. Como sabemos, en los humanos el iris funciona como el diafragma de una cámara fotográfica de modo que permite una mayor o menor entrada de luz para equilibrar las condiciones ambientales diversas. El ojo humano se contrae y se dilata con ese fin. Sin embargo, los peces presentan una abertura fija incapaz de adaptarse a los distintos grados de iluminación. Por lo tanto, los ajustes necesarios se realizan por medio de fotorreceptores, que es así como se llaman las células sensibles a la luz, y que se encuentran situados en la retina. También llama la atención su tamaño: por regla general los ojos de los peces suelen ser grandes y tienen lentes fuertes y redondeadas. Una vez visto esto, y desde el punto de vista de los mamíferos, se puede decir que los peces son miopes o cortos de vista. Pero esto tiene un sentido evolutivo: cuando un pez descansa en el lecho marino, sus ojos toman una posición que le permiten visualizar mejor sus puntos más cercanos. Cosa muy acertada si se tiene en cuenta que la mayoría de las aguas suelen ser turbias o poco iluminadas, y no le valdría para nada una vista aguda o de larga distancia cuando el peligro sólo puede verse a distancias cortas. Lo mismo ocurre con sus presas, ya que cuando están cerca y bien enfocadas es cuando se produce un ataque certero. Por lo tanto, la miopía en los peces tiene un sentido y una gran utilidad.

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Francisco J. Murcia  
 
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