| Su dominio de la retórica no está reñido con la mano dura gestionando el vestuario. No es un cualquiera, hablamos de un culé que no deja ningún detalle al azar y de un librepensador que piensa por él y por los demás. Está dispuesto a cambiar el Barça; ya lo hizo como futbolista.
"Tengo el maravilloso reto de reconquistar a la afición". En un tono sereno, esas fueron las primeras palabras de Guardiola cuando se presentó a los suyos en la previa al Joan Gamper. Tiene claro que su modelo pasa por recuperar la cultura del esfuerzo, trabajo y compromiso sin dejar de apostar por el talento. Por eso incide en la unión de lo físico (Keita, Touré, Eto’o o Puyol) y lo elegante (Xavi, Márquez, Iniesta, Messi o Daniel Alves). Los primeros imprimen dosis de testosterona en el equipo; los otros revisten la jugada con papel de regalo y un gran lazo rojo; todos ponen en práctica el término implicación, sepultado entre legajos en lo últimos dos años. Al mando está Pep, un técnico avanzado a su tiempo que, como ya sucediera cuando vestía el ‘4’, piensa por él y por los demás. Ha perdido algo de pelo, pero aún conserva el porte elegante y la meticulosidad de alguien que no deja nada al azar. Sigue con la misma mentalidad ganadora que otrora hizo grande al Barça y apuesta por la velocidad en el juego y la avidez por el balón. Es en ese ansia por dominar los partidos es cuando emergen la figura de dos jugadores prolijos en el buen manejo: Xavi e Iniesta. Ambos llevan al Barça en el corazón y los cromosomas del fútbol en la sangre. Han salido fortalecidos de Austria y Suiza y son capaces de convertir la física cuántica un mero ejercicio de sumas y restas. Fútbol fácil a un toque, con velocidad mental y buscando siempre el mejor posicionado. Como el ‘Dream Team’ de Cruyff.
FACTOR SORPRESA
El técnico de Santpedor recupera valores del holandés (rápida circulación y gusto por el balón), pero también ha tomado nota del mejor Barça de Rijkaard. De este equipo que gobernó Europa en 2006 ha importado la gran presión ejercida por sus delanteros. Eto’o, Messi e incluso Bojan o Henry son los primeros ‘defensores’ cuya misión es tapar la salida del balón. Pero Pep, un gran aprendiz de sus maestros, también ha infundido la mentalidad de equipo (despojando el divismo del vestuario) y ha incorporado de la cantera el ‘factor sorpresa’. Son los brochazos personales de un hijo de La Masía que, como tal, conoce perfectamente los entresijos de esta fábrica de talentos. Los dos últimos en salir han sido Pedro (que no Pedrito) y Sergio Busquets. El primero (21 años) es un jovencísimo extremo derecha, nacido en Tenerife, que se incorporó en 2004 al juvenil del Barça. Tras su gran temporada con Pep en el B, decidió subirlo al primer equipo e incluso ponerlo titular en la previa de Champions contra el Wisla Cracovia. Su desparpajo, habilidad y profundidad son valores añadidos al nuevo dibujo barcelonista. En él también hay sitio para el otro Busquets (veinte años), hijo del que fuera portero suplente de Zubizarreta en los años mágicos.
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