| Las estrellas masivas son
objetos muy interesantes
porque desarrollan una
intensa actividad debida a su
masa elevada y al hecho de ser
estrellas jóvenes. Los efectos
de este dinamismo se manifiestan
mediante flujos de materia
procedentes de sus propias superficies
en forma de viento estelar,
produciendo eyecciones
imponentes de material.
Cuando dos de estas estrellas
están ligadas desde un punto
de vista gravitatorio en un sistema
binario, las colisiones entre
los vientos calientan el medio
hasta temperaturas de millones
y millones de grados y radian
rayos X de manera brillante,
modificando el ámbito estelar
del sistema. A lo largo del tiempo,
los productos químicos de
estos procesos se condensan
en estructuras granulares que
constituyen el medio interestelar,
y que es posible encontrar
en los meteoritos recogidos
en la superficie terrestre. Éstos
representan fósiles preciosos
porque han preservado la composición
de la fuente originaria
y, en cierta manera, han permitido
la formación de la vida en
la Tierra.
LAS PRIMERAS DE LA CLASE
Cuando hablamos de estrellas
masivas, nos referimos normalmente
a estrellas recién nacidas
con masas superiores a 25
veces la del Sol, y que sufren
pérdida de material a causa de
la formación del viento estelar.
Entre ellas, las de tipo O son las
más jóvenes y, por lo tanto, las
más activas y calientes. Por esa razón, los astrónomos las colocan
en el primer grupo de la
clasificación que tiene en cuenta
las propiedades espectrales
de los objetos estelares. Una típica
estrella de tipo O, posicionada
a la misma distancia que
la estrella Arturo (a 33 años luz
de la Tierra), aparecería 20 veces
más brillante que Venus. En
la Vía Láctea, la mayoría se encuentra
en cúmulos de estrellas
llamados Asociaciones OB, los
cuales trazan los brazos espirales
característicos de la galaxia
en su periferia, donde la formación
estelar es más activa.
El mecanismo por el cual se
producen vientos estelares tan
imponentes, que vacían las capas más exteriores de estas
estrellas aún está por descubrir.
Aún así, se piensa que los
productos de la combustión de
elementos como el carbono y el
oxígeno, que son quemados en
el interior de la estrella, llegan
gradualmente a la superficie de
la misma. Cuando suficiente
material se ha acumulado en
esa región, éste es capaz de
absorber la luz generada por el
astro; sin embargo, no puede
contener la presión debida a
esta radiación y, consecuentemente,
empuja material hacia
el exterior en forma de viento
estelar.
Tras su formación, un viento
de este tipo barre todo lo que encuentre en la cercanía de la
estrella, afectando de manera
irreversible a su entorno: la
colisión entre viento y material
circunestelar da lugar a emisión
de altas energías en la banda de
los rayos X. Todas estas condiciones
hacen que, en pocos
millones de años, una estrella
de tipo O realice un cambio de
“identidad”; cuando el viento
se hace particularmente intenso
y masivo, la estrella pierde
una fracción considerable de
su revestimiento más externo,
destapando una zona más interna
y caliente. Esto permite a
la estrella de tipo O evolucionar
como estrella Wolf-Rayet
(WR).
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