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Abril
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Verdades y mentiras del efecto Coriolis
La fuerza de Coriolis infiere en los vórtices de los desaguaderos domésticos en la misma magnitud que lo hace la distorsión del perihelio de Mercurio sobre nuestras margaritas. Es decir, en nada.
La leyenda urbana del desaguadero
  Fotos: © NASA/JPL
Este mito y leyenda urbana tan arraigada en la vox populi incluso fue divulgada en medios supuestamente “serios” como la Wikipedia, en Internet, y libros escolares; hablamos de la supuesta inversión de giro, según el hemisferio terrestre, de la vorticidad (o torbellino) en los desaguaderos. Tal barrabasada vino infundada por la incorrecta extrapolación, en falsa analogía, del sentido rotatorio que adoptan los ciclones y huracanes, según el hemisferio (N ó S), inferido por la fuerza de Coriolis.

Bien lo puntualiza el Dr. Tony Phillips en el portal Ciencia@ NASA: “Los científicos lo llamamos efecto Coriolis, y ocurre sobre cualquier plataforma giratoria. Los huracanes y borrascas se arremolinan, según el hemisferio, en un determinado sentido de giro obedeciendo al efecto Coriolis, siendo la Tierra la misma plataforma giratoria. Contrario a la creencia popular, la fuerza de Coriolis jamás controla los drenajes de su baño, pues la Tierra no gira tan rápido. Pero jugar a la pelota en un carrusel infantil es todo un espectáculo y experiencia Coriolis”. Espectáculo regido por la alta velocidad angular alcanzada por el carrusel, 10 r.p.m. (360º/6”).

LA FUERZA DEL CORIOLIS
La fuerza de Coriolis no es ninguna fuerza real en sí (pues de ella no se obtiene trabajo), sino que es la consecuencia o efecto secundario que sufre cualquier objeto con movimiento propio sobre un sistema rotatorio como la Tierra. Esta aceleración aparente fue descrita en 1835 por el ingeniero francés Gustave Coriolis en su teorema “Sur les équations du mouvement relatif des systèmes de corps”, afirmando: “Las leyes clásicas del movimiento sólo pueden aplicarse en un sistema en rotación si se las corrige agregándolas una fuerza extra o aceleración sobreañadida”. Pues todo sistema en rotación (ya sea la Tierra o la plataforma de carrusel) imprime en los objetos que se desplazan sobre él una fuerza perpendicular a la dirección de su movimiento, originando una trayectoria curva, circular o de espiral.

La fuerza Coriolis, debida a la rotación de la Tierra, es el producto de la magnitud doble de la velocidad angular terrestre por la velocidad del cuerpo en movimiento y siempre en función del seno de la latitud local. En el hemisferio norte, la fuerza Coriolis es la responsable de conferir a las depresiones ciclónicas (huracanes, tifones y borrascas) su sentido de giro antihorario y, a la vez, inferir una rotación de sentido horario (el de las manecillas del reloj) en los sistemas anticiclónicos (altas presiones), en la circulación de las corrientes marinas (Corriente del Golfo, Corriente de Canarias, Corriente de Kuro Shio) y en el giro del plano oscilatorio del péndulo Foucault. Estos giros son inversos para el hemisferio sur. También implica la corrección de rumbo en la navegación aérea de largo recorrido por la desviación acumulada.

Esta fuerza desviadora del efecto Coriolis, al venir generada por la pausada velocidad angular de la Tierra (15º/hora), no se infiere de forma pronta, sino que requiere de una asimilación lenta y acumulativa para que se imprima la correspondiente directriz de giro en la dinámica circular o espiral de los macro sistemas geofísicos.

Josep Emili Arias (Agrupación Astronómica de la Safor, Gandía)  
 
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